La noche fue tranquila. En las pantallas de radar de los controladores aéreos, el tráfico era normal. Dos aviones se encontraban en sus rutas planificadas a una altitud de unos 9000 metros. Volaron a través de densas nubes a casi 800 kilómetros por hora. El contacto visual era imposible.
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El 11 de agosto de 1979, ocurrió uno de los desastres de aviación más graves de esa época sobre Dneprodzerzhinsk. Dos aviones de pasajeros Tu-134 se acercaron en el mismo espacio aéreo. Solo unos segundos , y sus rutas de vuelo se cruzaron en un punto.
Un avión chocó contra el otro casi en ángulo recto. El impacto golpeó el área de la cabina. Como resultado de la gran colisión, ambas máquinas perdieron el control de inmediato. Uno ya comenzaba a romperse en el aire. El otro se volcó y cayó en picado incontrolablemente. Por un breve momento, incluso las secciones de cola del avión se enredaron, antes de que los restos se esparcieran por una gran área.
Más tarde, los rescatistas encontraron escombros y las víctimas en un área de casi 50 kilómetros cuadrados. Un total de 178 personas murieron a bordo de los dos aviones.
Uno de los aviones viajaba de Chelyabinsk a Kishinev. El segundo voló de Tashkent a Minsk. Entre los pasajeros también se encontraba el conocido equipo de fútbol «Pakhtakor». El equipo se dirigía a un partido de liga, lo que prestó atención adicional a la tragedia.
La investigación reveló posteriormente que un error en el cálculo de las rutas de vuelo jugó un papel decisivo. Los controladores aéreos habían calculado mal el momento del cruce de los corredores aéreos. Cuando se detectó el peligro, se dio una instrucción para cambiar la altitud de vuelo. Pero la conexión de radio se interrumpió debido a una tormenta eléctrica.
Varios aviones estaban cerca a la vez. En la confusión, otro avión respondió a la instrucción. Esos pocos segundos de mala interpretación se volvieron fatales.
La tecnología de la época también jugó un papel. Los modernos sistemas automáticos de advertencia de colisión aún no existían en ese momento. El equipamiento de los centros de control no permitía separar con precisión las aeronaves entre sí a corta distancia.
El desastre se convirtió en una tragedia para muchas familias y dejó una profunda huella en la historia de la aviación. Muchos expertos están de acuerdo hoy en día: fueron precisamente esos eventos los que luego aceleraron el desarrollo de sistemas de seguridad modernos, que hoy ayudan a prevenir colisiones en el cielo. ✈️